Mostrando entradas con la etiqueta imprescindible. Mostrar todas las entradas
Mostrando entradas con la etiqueta imprescindible. Mostrar todas las entradas

martes, 17 de marzo de 2015

EL TTIP, UN PELIGRO PARA LOS ANIMALES (artículo del caballo de Nietszche) Imprescindible

El Tratado de Libre Comercio entre la Unión Europea y EEUU (TTIP) ajustará a la baja la ya insuficiente protección de los animales en su crianza, transporte y sacrificio en Europa, al facilitar la entrada de productos estadounidenses que no garantizan la protección animal básica.
El lobby agroindustrial de la carne estadounidense cree que las negociaciones del TTIP deben servir para contrarrestar las normas europeas. Las consecuencias serán más mercantilización y sufrimiento para los animales, y más peligro para la salud humana.
Foto: A. Carrasco. Licencia Cretive Commons. Flickr.
Foto: A. Carrasco. Licencia Cretive Commons. Flickr.
Hoy sabemos que el tratado de libre comercio entre la Unión Europea y Estados Unidos (llamado TTIP, por sus siglas en inglés) va a ponerle una alfombra roja a las empresas multinacionales de uno y otro lado del océano, disminuyendo los derechos laborales, sociales y medioambientales de la ciudadanía.
Pero ¿qué supone el TTIP para los animales? Poco o nada se ha hablado de cómo afectará el TTIP a los animales, y es importante hacerlo, porque con este tratado pende de un hilo la protección a su calidad de vida, su salud y sus derechos.
En primer lugar, el TTIP, al buscar suprimir también las barreras comerciales no tarifarias entre la UE y EEUU, tiene como claro riesgo el ajuste a la baja de las normas que regulan las condiciones de vida animal. La situación actual en la UE no es ni mucho menos idónea, pero lo cierto es que, al menos desde una visión antropocéntrica, es más avanzada.
La UE regula la protección de los animales de la “finca al plato”, es decir en todas las fases de producción (crianza, transporte y sacrificio), prohíbe las hormonas de crecimiento y es menos permisiva con los piensos modificados genéticamente y los antibióticos. Además, desde el 2013, prohíbe la experimentación con animales para productos cosméticos, así como la importación de productos que hayan sido testados con animales, y tiene una Directiva (la 2010/63/EU, llamada de las 3Rs) que plantea “reemplazar, reducir y refinar” el uso de animales para propósitos científicos.
Así que, mientras que la UE tiene el bienestar animal como principio fundamental a respetar (Tratado de Lisboa de la Unión Europea, 2009), la legislación federal norteamericana es mucho más pobre que la europea: sólo existe una regulación federal que incluye algo de protección para el sacrificio, centrada en el “producto final”; salvo en algunos Estados, no prohíbe el confinamiento extremo; apoya, junto con sus multinacionales, el uso de transgénicos para consumo humano y animal; acepta el clonado de animales para consumo humano; acepta la experimentación animal para productos de cosmética y limpieza; no incluye en su Ley de Bienestar Animal a los pájaros, peces, ratas y ratones, que son las especies más frecuentemente utilizadas en laboratorios... ¡Y su legislación para el transporte de animales es de 1873!
Por su parte, el lobby agroindustrial de la carne estadounidense lo tiene clarísimo: las negociaciones del TTIP tienen que servir para contrarrestar las normas europeas. Por ejemplo, el Consejo Nacional de Productores de Cerdos de EEUU declara que, en línea con los acuerdos de la Organización Mundial del Comercio (OMC), el TTIP no tendría que permitir ninguna restricción de importación europea basada en el bienestar animal y, entre otras cosas, quieren el final de cualquier barrera comercial no tarifaria, incluyendo las restricciones sanitarias y fitosanitarias. Por ejemplo, exigen la autorización de la ractopamina (aditivo alimenticio usado en EEUU para promover el crecimiento de los cerdos), que sin embargo ha sido prohibida en más de 150 países, incluidos los de la UE, por sus efectos secundarios en los animales y para la salud humana.
Teniendo en cuenta la posición de dominio de las multinacionales en las negociaciones previas, todo indica que:
  1. En caso de haber una convergencia normativa en el TTIP, ésta se hará tirando hacia abajo las políticas y regulaciones de bienestar animal vigentes en Europa, ya que es harto difícil imaginar que EEUU adecue las suyas a las europeas. Además, la posición negociadora inicial de la Unión Europea ( hecha pública el 8 de enero del 2015) no es para echar cohetes: mientras quiere “preservar el derecho de cada parte de proteger la vida humana, animal o vegetal en su territorio”, punto seguido añade que “las medidas sanitarias y fitosanitarias no deben crear barreras innecesarias al comercio”. Por otra parte, los antecedentes no son buenos: el tratado de libre comercio que se está negociando actualmente entre Canadá y la UE, llamado CETA y verdadero caballo de Troya del TTIP, solo incluye una mención insignificante y no vinculante sobre “bienestar animal”.
  1. En caso de aprobación del TTIP sin convergencia, habrá un dumping en materia de protección animal, donde las empresas transnacionales intentarán abaratar sus costes relativos al bienestar animal, trasladando su producción a lugares con menor protección.
  1. Incluso si los productos generados en la UE cumplen con la legislación europea, en los armarios y neveras de los hogares europeos entrarán con más facilidad productos estadounidenses que no garantizan una protección animal básica.
Desde un enfoque de derechos animales, el TTIP no deja lugar a dudas: profundizará en la mercantilización de los seres vivos. El objetivo de este tratado es diáfano: aumentar el comercio y las inversiones entre la UE y EEUU a través de, entre otras cosas, un mayor consumo de productos ganaderos (principalmente carne, huevos y leche). Un consumo a todas luces insostenible desde un punto de vista ético, pues cada año a nivel mundial, se sacrifican 60.000 millones de animales terrestres y 1 billón de animales marinos para el consumo humano. Tal y como explica Matthieu Ricard, estamos presenciando un verdadero “genocidio animal” que se caracteriza, entre otras cosas, por la desvalorización de las víctimas y su exterminación masiva, así como la desensibilización, disimulación y negación social de los hechos cometidos.
El TTIP no cuestiona en ningún momento esta realidad, ni el uso de millones de animales como mero producto para consumo humano (comida, vestimenta, entretenimiento o experimentación), ni la reducción del consumo de productos de origen animal. Por supuesto, ningún negociador -estadounidense o europeo- se ha planteado siquiera que el mecanismo de resolución de conflictos entre inversores y Estados (el polémico ISDS) pudiera contar con un defensor de los animales, como tampoco lo hay de la naturaleza. O sea, en el TTIP nadie tiene en cuenta a los sin voz, nadie defiende sus intereses y menos sus derechos. Más bien es al contrario: este tratado sería un salto cualitativo en Europa hacia más mercantilización de la vida en general y de los animales en particular.
Ante este panorama, las personas y organizaciones que defendemos el bienestar y los derechos de los animales debemos decir alto y claro:  STOP TTIP. Nos sumamos a la campaña de concienciación europea para que no se apruebe este tratado y seguiremos luchando en nuestro día a día para que los animales (no humanos) ocupen el espacio social y político que se merecen.

martes, 17 de febrero de 2015

TTIP, ¡SACAD LAS MANOS DE LA COMIDA! (artículo muy muy recomendable)

(NOTA DE LOS AUTORES DEL BLOG: NO COMEMOS ANIMALES PERO NO QUEREMOS QUE LOS MALTRATEN AÚN MÁS)

http://esthervivas.com/2014/12/31/ttip-sacad-las-manos-de-la-comida/
Esther Vivas | Público
Una nueva vuelta de tuerca se cierne sobre las políticas agroalimentarias en Europa. Se trata del Tratado de Libre Comercio entre Estados Unidos y la Unión Europea, más conocido como TTIP, sus siglas en inglés, la alargada sombra del agronegocio que se extiende del campo al plato. Como vampiros a la sangre, las multinacionales del sector esperan sacar tajada, y mucha, de estas nuevas medidas de liberalización comercial.
Pero, ¿que es el TTIP? Se trata de un tratado negociado en secreto durante meses, filtrado a la luz pública, pendiente de aprobación por el Parlamento Europeo, con una campaña de marketing en marcha, y que tiene como objetivo final igualar a la baja las legislaciones a ambos lados del Atlántico en beneficio único de las grandes empresas. Sus consecuencias: más paro, más privatizaciones, menos derechos sociales y ambientales. En definitiva, servir en bandeja nuestros derechos al capital.
Y, ¿en materia agrícola y alimentaria? Las empresas del sector, desde las compañías de semillas pasando por la industria biotecnológica, de bebidas, ganadera, de comida, de pienso… son las que más han presionado a su favor, por delante incluso del lobby farmacéutico, automovilístico y financiero. Mucho está en juego para multinacionales como Nestlé, Monsanto, Kraft Foods, Coca Cola, Unilever, Bacardi-Martine, Cargill, entre otras. De los 560 encuentros consultivos de la Comisión Europea para la aprobación de dicho Tratado, el 92% se realizaron con grupos empresariales, el resto con colectivos de interés público, como indica un informe del Corporate European Observatory.
De aprobarse, el Tratado de Libre Comercio entre Estados Unidos y la Unión Europea, ¿que impactos tendría en nuestra mesa?
Más transgénicos
La entrada masiva de transgénicos en Europa será una realidad. Si bien hoy ya importamos un número considerable de alimentos transgénicos, en particular pienso para el ganado y muchos productos transformados que contienen derivados de soja y maíz transgénico, como lecitina, aceite y harina de soja, jarabe y harina de maíz, la aprobación del TTIP significará un aumento de dichas importaciones, especialmente de los primeros, e incluso la entrada de transgénicos en la actualidad no autorizados por la Unión.
Hay que tener en cuenta que la legislación estadounidense es mucho más permisiva que la europea tanto en el cultivo como en la comercialización de Organismos Modificados Genéticamente. En Estados Unidos, por ejemplo, el etiquetaje que identifica un alimento como transgénico es inexistente, a diferencia de Europa, donde a pesar de las limitaciones, las leyes sí que obligan teóricamente a dicha identificación. Asimismo, en la Unión tan solo se cultiva con fines comerciales un único alimento transgénico: el maíz MON 810 de Monsanto, a pesar del negativo impacto medioambiental que éste tiene con la contaminación de otros campos de maíz tanto convencional como ecológico. El 80% de su producción se lleva a cabo en Aragón y Catalunya, en cambio la mayor parte de países europeos lo vetan. En Estados Unidos, por el contrario, el número de cultivos es mucho más alto. De aquí que Europa sea un goloso pastel para multinacionales como Monsanto, Syngenta, Bayer, Dupont… y el TTIP lo puede convertir en una realidad.
Cerdo, vaca y leche con hormonas
El veto a la carne y a los productos derivados de animales tratados con hormonas y promotores de crecimiento hasta el momento prohibidos en Europa se levantará, así como el uso aquí de dichas sustancias, con el consiguiente impacto en nuestra salud.
En Estados Unidos, los cerdos y el ganado vacuno pueden ser medicados con ractopamina, un fármaco usado como aditivo alimentario para conseguir un mayor engorde del animal, y más beneficio económico para la industria ganadera. En la Unión, la utilización de dicho producto y la importación de animales tratados con el mismo está prohibida, al igual que en otros 156 países como China, Rusia, India, Turquía, Egipto, al considerarse que no hay datos suficientes que permitan descartar riesgos para la salud humana. En otros 26, como Estados Unidos, Australia, Brasil, Canadá, Indonesia, México, Filipinas, se utiliza.
Lo mismo va a suceder con el uso de la hormona somatotropina bovina empleada, principalmente, en vacas lecheras para aumentar su productividad, y conseguir entre un 10% y un 20% más de leche. Sin embargo, varios son los efectos secundarios asociados a su manejo en animales (esterilidad, inflamación de las ubres, aumento de la hormona del crecimiento…) y su impacto en humanos (algunos estudios lo vinculan a un incremento del riesgo de padecer cáncer de mama o de próstata y al crecimiento de las células cancerosas). De aquí que la Unión Europea, Canadá y otros países prohíban su uso y la importación de alimentos de animales tratados. Aún así, otros como Estados Unidos, sobre todo, la utilizan. Por cierto, la empresa estadounidense Monsanto, la número uno de las semillas transgénicas, es la única del mercado que comercializa dicha hormona, con el nombre comercial de Posilac. Menuda coincidencia.
Pollos blanqueados
La carne de pollo “desinfectada” con cloro llegará también a nuestra mesa. Si en Europa se utiliza un método de control de enfermedades de las aves desde la cría pasando por su desarrollo y sacrificio hasta su comercialización, con carácter preventivo, en Estados Unidos han optado por optimizar costes rebajando los estándares de seguridad alimentaria. De este modo, las aves criadas y sacrificadas son desinfectadas únicamente al final de la cadena, sumergiéndolas en una solución química antimicrobiana generalmente a base de cloro o lo que es lo mismo dándoles “un baño de cloro”, y punto. Así los pollos quedan “limpios”, sin bacterias, bien blanqueados, y su tratamiento sale mucho más barato. Una vez más, todo por la pasta.
Pero, ¿qué consecuencias pueden tener esto para nuestra salud? En la Unión, desde 1997, se prohíbe la entrada de carne de aves de corral estadounidense debido a dichos tratamientos, y a los residuos de cloro u otras sustancias químicas empleadas para su desinfección que pueden persistir en la carne que después nosotros consumimos. La industria ganadera norteaméricana afirma que estos tratamientos permiten eliminar los microorganismos patógenos, sin embargo las infecciones no disminuyen significativamente e incluso el uso continuado de desinfectantes puede acabar generando resistencias.
Nos dicen que los estándares de seguridad alimentaria norteamericanos son de lo más seguros. No apuntan en la misma dirección algunos informes que constatan que una de cada cuatro personas, 76 millones, al año en Estados Unidos enferman por dolencias provocadas por el consumo de alimentos. De estas, 325 mil son hospitalizados y 5 mil mueren. Los expertos señalan que la mayoría de casos podría evitarse con mejoras en el sistema de control alimentario ( NOTA DEL BLOGGER :Y DEJANDO DE CONSUMIR CARNE) . Saquen conclusiones.
Ya va siendo hora que le digamos al TTIP: ¡sacad vuestras sucias manos de la comida!
*Artículo en Publico.es, 31/12/2014.